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The Propaganda Game o la manipulación por el poder

Álvaro Longoria ha querido innovar y ser diferente con este documental, The Propaganda Game, realizado en Corea del Norte. El cineasta intenta mantenerse imparcial y hacer lo que le dicen: observar y ver la realidad de la RPDC (República Popular Democrática de Corea).

Y la realidad es muy decepcionante. Tanto de un bando como del otro. Del documental se desprende la idea de que todos estamos sometidos al juego propagandístico de las grandes potencias mundiales y que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos.

Longoria se aproxima a la realidad norcoreana y intenta sacar a la luz lo que es real y lo que es puro montaje dentro de lo que puede investigar y preguntar, ya que todos los turistas que visitan el país tienen que ir acompañados en todo momento y no se les permite grabar según qué y según dónde.

El catalán Alejandro Cao de Benós, encargado de las relaciones internacionales de Corea del Norte. Foto: infovaticana.com

Para los que ya hemos centenares de documentales sobre Corea, no son desconocidos todos los sitios que en el documental de Longoria aparecen. Siempre van a casa de alguna familia, al parque acuático, al metro megalómano que a la vez hace la función de búnker por si hay un ataque, a la frontera entre Corea del Sur, a las grandiosas estatuas de sus líderes… Y tampoco podía faltar el catalán Alejandro Cao de Benós, otro clásico de los documentales sobre Corea del Norte. Para el régimen, su mejor baza: un extranjero que aprecia y sirve al líder norcoreano y que daría su vida por él.

Está claro que Estados Unidos ha utilizado miles de veces su propaganda para manipular sus verdaderas acciones, pero también es cierto que algunas de ellas han sido descubiertas y, a día de hoy, todo el mundo puede cuestionarlas, criticarlas e incluso despreciarlas abiertamente. Esa es la diferencia con el régimen norcoreano y el imperialismo de los Estados Unidos.

El régimen norcoreano no permite el contacto con el exterior a todo el mundo que lo desee. No permite Internet, sólo Intranet. No permite que se cuestionen las decisiones de su líder. No permite las manifestaciones. No permite que nadie del exterior circule libremente por el país. No permite ningún desprecio hacia su líder.

Me quedo con la frase del documental que pronuncia el enviado de Amnistía Internacional: “Si tan bien se vive en Corea del Norte, ¿por qué temen que se hagan informes del país?” y añadiría, ¿por qué temen que los turistas circulen a su antojo? ¿por qué temen que los periodistas y cineastas puedan grabar lo que ellos llaman “la realidad”?

Sobre Anna Prats

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